jueves, junio 29, 2006

Acumulación de capital, acumulación de pobreza

Según la teoría económica burguesa, en el capitalismo se da una expansión constante de la producción basada en la acumulación de capital; esta acumulación de capital aumenta el valor del producto marginal de los trabajadores, lo que conduce a un aumento de los salarios. Así es que en el capitalismo todos somos felices: hay cada vez más bienes para consumir - y a precios más baratos- el capitalista llena sus faltriqueras de billetes y el trabajador ve como aumentan sus salarios reales. Si las cosas no suceden como dice la teoría, siempre existe la posibilidad de echarle la culpa al Estado por su intervención en la economía.

Ahora examinemos el mecanismo por el cual se nos asegura que los trabajadores salen beneficiados en la acumulación de capital. El concepto clave que hay que entender es el de valor del producto marginal (VPM) [1], pero antes necesitamos definir el producto físico marginal (PFM); el PFM del trabajo es el incremento de la producción que se experimenta con la incorporación del último trabajador que se agrega a la planta, manteniendo el capital físico constante. El VPM es el valor monetario de este aumento de la producción; este valor monetario se determina según la utilidad marginal que le reporta el producto al consumidor final. Dicho de otra manera: el VPM es la disminución de ingreso que experimenta una empresa cuando el último trabajador se retira de la producción.

Cuando hay un aumento de la productividad debido a la utilización de nueva tecnología, aumenta el VPM del trabajador, lo que lo vuelve más cotizado. Si a un trabajador se le paga menos que el VPM, otro empresario -viendo la oportunidad de lucro- le pagará más de lo que le pagaba su empleador anterior. La competencia entre empresarios por los trabajadores aumentará el salario de estos hasta el límite máximo del VPM. Esto es lo que sucedería en un mercado competitivo del factor trabajo. Esto es lo que creía Mises que sucedía en el capitalismo[2].

De manera que no hay necesidad de que los trabajadores luchen colectivamente por negociar un salario mejor con los patronos, ni de cabildear con las autoridades gubernamentales para obtener un aumento al salario mínimo. (De hecho, la teoría económica burguesa nos enseña que tales acciones por parte de los trabajadores producen desempleo). No. La mano invisible del mercado se encarga solita de aumentar los salarios al nivel que corresponde por productividad.

Pero la experiencia cotidiana en el capitalismo es menos idílica de lo que nos pinta la teoría. Los empleadores son los que normalmente tienen el sartén por el mango, las personas compiten por empleos, en vez de ser los empleadores los que compitan por obtener empleados, de manera que pueden darse el lujo de no pagarles el VPM, lo que les pagan es solamente el costo de oportunidad de emplearse. A esta situación se le conoce en el marginalismo neoclásico como explotación monopsonística.

Pero ni siquiera en el mercado competitivo de la teoría neoclásica -con información perfecta- puede pretenderse que a los trabajadores se les paga según su aportación marginal. Si asumimos rendimientos marginales decrecientes, solo al último trabajador que se agrega a la planta se le paga su aportación marginal (el VPM), al resto de los trabajadores se les paga sucesivamente menos. De manera que cabe extender el concepto de explotación incluso al caso de un mercado competitivo de trabajo. Otra manera de analizar esto es por medio del concepto de valor del producto físico medio (VPFMe), el cual es el valor monetario producido por el factor trabajo dividido por el número de trabajadores. El VPFMe es mayor que el VPM. La diferencia entre el VPFMe y el VPM multiplicada por el número de obreros es el valor monetario producido por los trabajadores que es apropiado por los empleadores. Encontramos una justificación en los libros de texto que dice que la parte de la producción atribuida al trabajo que no reciben los trabajadores se destina al pago de otros factores de la producción, y a la investigación y desarrollo. Lo que queda claro es que es mentira la pretensión de que el VPM es el límite máximo de salarios al que puede aspirar el trabajador.

Un malentendido común entre los apologistas vulgares del capitalismo es tratar la teoría de la productividad marginal descrita anteriormente como si fuera una teoría de salarios, cuando solo se describe el lado de la demanda de trabajo. Parece que no se dan cuenta que una mayor oferta de mano de obra implica unos salarios más bajos. De hecho, un descenso exógeno de los salarios producirá un aumento del VPM, este aumento de la productividad se deberá a que habrá mayor mano de obra por unidad de capital.

Un aumento del desempleo y una disminución de los salarios puede venir como consecuencia de una mayor acumulación de capital y de la inversión en investigación y desarrollo. Cuando se aplica a la producción innovaciones tecnológicas que ahorran trabajo hay empleos que se vuelven innecesarios, engrosando con ello el paro. Esta mano de obra parada tiende a disminuir los salarios, lo que tiene un efecto contrario al aumento inicial del VPM. El aumento del VPM debido a la nueva tecnología es temporal, por que con el tiempo la mayoría de las empresas utilizará la nueva tecnología, haciendo descender los precios hasta su costo promedio, el cual incluye una ganancia media. Esto puede producir un resultado paradójico, en el que la inversión en investigación y desarrollo produzca una disminución de la tasa de ganancia, ya que el descenso ulterior del precio puede que no compense la inversión inicial. Al disminuir la tasa de ganancia también disminuye la inversión, creando más desempleo y presionando los salarios hacia la baja, lo que puede producir efectos perversos que se retroalimentan en un círculo vicioso, creando una crisis en el sistema económico.

Para paliar los efectos adversos del mercado capitalista se hace uso de la intervención estatal. Hay empresas que externalizan sus costos de investigación y desarrollo pasándoselos al Estado, esto se puede ver especialmente en los casos en los que la investigación en asuntos militares se utiliza posteriormente en usos civiles, también se da en la investigación farmacéutica. Para evitar que disminuya la tasa de ganancia también se utilizan barreras al comercio internacional, y barreras a la entrada de nuevas empresas, para que la burguesía nacional pueda obtener ganancias monopolísticas. Las patentes también son útiles para que la investigación se vuelva rentable, pera esa es otra forma de obtener ganancias monopolísticas.

Así es que en el capitalismo los trabajadores son doblemente explotados: ya sea como empleados o como consumidores. La concentración de ingresos resultante por parte de la burguesía vuelve más difícil darle salida a la producción, creando problemas de subconsumo, por lo que se recurre al mercado extranjero para darle salida a ese excedente. A esto se le llama globalización.

Resulta contradictorio afirmar que la acumulación y concentración del capital en pocas manos sea de beneficio social ¿Cómo puede ser de beneficio social que unos pocos tomen las decisiones de qué producir, cómo producir y para quien producir? ¿Cómo puede ser de beneficio social el desempleo y la marginación? Los libertarianos se quejan de que los funcionarios estatales tomen decisiones por nosotros, pero no parece molestarles que unos pocos capitalistas tomen decisiones que afectan a muchos. ¿Cómo se explica esta contradicción? ¿Será por que se suscriben a una especie de darwinismo social?

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[1] Algunos autores, influidos por Mises, llaman productividad marginal a lo que aquí llamamos valor del producto marginal. En este post obvio el asunto de la tasa de descuento, por motivos de simplicidad.

[2] El austriano Juan Rallo, seguidor de Mises, cree que el VPM es solo el límite máximo que puede cobrar el trabajador. El límite mínimo sería el salario del trabajador marginal. Ver artículo suyo aquí.

martes, junio 20, 2006

La Propiedad Mutualista sobre la Tierra

En el mutualismo se considera que la tierra es un patrimonio de la humanidad, por lo que nadie puede apropiarse de ella en forma definitiva. Cada persona tiene el derecho de posesión y usufructo sobre el terreno que esté trabajando y ocupando, pero al dejar de trabajarlo y ocuparlo pierde este derecho. Como decía Zapata: la tierra es de quien la trabaja.

Esta doctrina resulta útil para justificar los procesos de reforma agraria. No se justifica que haya tierras sin usufructuar mientras haya campesinos dispuestos a trabajar en ellas. Ni desde el punto de vista lockeano se justifica en la actualidad la propiedad sobre muchas tierras que fueron concedidas graciosamente por el Estado, sin que se haya "mezclado trabajo" con ellas. En este contexto cobra sentido la paradoja de Proudhon: la propiedad se ha convertido en un robo.

Sin embargo, desde el punto de vista práctico, la doctrina mutualista tiene algunos problemas, ya que puede volverse demasiado rígida en algunas situaciones en la que es necesaria una eficiente asignación de recursos. Consideremos el caso de una construcción de una carretera que deba pasar por el terreno cultivado de un campesino: si el derecho de propiedad sobre la tierra del campesino es lockeano, se le puede pagar a éste su costo de oportunidad para que permita el paso de la carretera, pero si el derecho que posee es mutualista, no. A pesar de que la carretera tiene un beneficio social, esta no podrá construirse debido a que no se le puede pagar al campesino una justa compensación. Y así podríamos pensar en otros problemas similares de asignación de recursos.

La doctrina mutualista sobre la tierra solo parece ser efectiva en aquellos casos en los que haya un obvio abandono.

El Libre Mercado según Kevin Carson

Kevin Carson hace una argumentación socialista a favor del libre mercado. Él cree que en un verdadero mercado libre no habría grandes corporaciones. Éstas existen en la actualidad debido a diferentes tipos de intervención estatal, entre las que cabe destacar: el monopolio sobre la tierra, el monopolio sobre el capital, las barreras arancelarias, las patentes, y el subsidio sobre el transporte.

En el monopolio sobre la tierra, hay propiedades que fueron concedidas por el Estado que ni siquiera tienen una justificación lockeana; pero aunque la tuvieran, no sería justo que haya tierras ociosas cuando hay campesinos dispuestos a trabajarlas. Si se permitiera a las personas trabajar las tierras ociosas, habría menos emigración del campo a la ciudad, aumentando así los salarios urbanos, haciendo más difícil obtener rentas sobre el capital.

En el monopolio sobre el capital, la destrucción a las actuales barreras a la oferta de crédito provocaría una caída de la tasa de interés que le haría más fácil auto-emplearse a los trabajadores. Esto produciría una disminución de la oferta de mano de obra para los capitalistas, lo que conduciría a un aumento de los salarios, presionando hacia abajo sobre las rentas de capital.

El mismo efecto adverso para el capital y favorable para los trabajadores, produciría la eliminación de las barreras arancelarias, las patentes y los subsidios sobre el transporte, que en la actualidad le permite a las grandes corporaciones externalizar gran parte de sus costos y obtener rentas monopolísticas.

Sin embargo, el orden que hay que seguir para desmantelar la intervención estatal es muy importante: hay que cortar los subsidios de arriba a abajo, y los impuestos de abajo hacia arriba; de lo contrario disminuiríamos el poder de negociación de los trabajadores en vez de aumentarlo, lo que los haría presa fácil de la explotación capitalista.

El poder de negociación está de parte de los trabajadores cuando los empleadores andan detrás de los empleados, y está a favor de los patronos cuando los empleos son los que andan en busca de empleadores. Esta última situación produce que no se le compense a los trabajadores el costo subjetivo de tener que alquilar su fuerza de trabajo. En esto consiste la explotación.

El resultado final buscado, sin embargo, no es de una igualación de los ingresos de todos los trabajadores, ya que los trabajos tienen diferentes costos subjetivos, por lo que es de esperar que los trabajos calificados que requieran de mayor preparación obtengan mayores ingresos. Pero esto no va en contra del ideal socialista cuya idea de equidad es que "se le de a cada uno según su trabajo".

El escenario final de trabajadores que trabajan por su propia cuenta -ya sea en cooperativas o en sociedades anónimas en el que cada trabajador tiene parte de las ganancias- es estable, ya que se le haría muy difícil a los aspirantes a capitalistas el lucrarse con el trabajo ajeno, cuando la mayoría de los trabajadores están auto-empleados y la oferta de crédito es abundante.

sábado, junio 17, 2006

Crítica de la Teoría Laboral del Valor de Carson

A continuación hago una crítica de la teoría laboral del valor con base subjetiva que plantea el autor Kevin Carson en su web.

La teoría laboral del valor enseña que el trabajo es el que determina el valor de cambio de las mercancías. En su forma clásica esta teoría afirma que la razón de intercambio entre las mercancías corresponde a la razón de horas de trabajo humano socialmente necesario para producirlas.

¿Por qué se afirma esto? Los economistas clásicos no explicaron la razón por la cual el trabajo supuestamente se traduce en valor de cambio, tampoco lo hizo Marx. Esta fue una de las principales críticas que el austríaco Böhm-Bawerk hacía a la teoría del valor-trabajo.

Kevin Carson, que plantea una teoría laboral del valor que se basa en la subjetividad del trabajador, piensa salir al paso de esta objeción por medio de una cita de James Buchanan. Y sobre esta cita basa su defensa de la teoría laboral del valor.

Dice Buchanan:

Incluso en un modelo tan simple [el modelo primitivo de intercambio entre castores y ciervos de Adam Smith] ¿Por qué deberían los costos relativos determinar los valores normales de intercambio? Esto sucede por que se asume que los cazadores son individuos racionales, maximizadores de utilidad; y por que los "bienes" positivamente valorados y los "males" negativamente valorados en sus funciones de utilidad pueden ser identificados. Si por alguna razón los valores de cambio tuvieran que situarse en una razón diferente de aquella de sus valores de costos, habrá una modificación del comportamiento. Si el cazador individual sabe que él es capaz, en el transcurso de su trabajo, de matar dos ciervos o un castor, él no escogerá matar un ciervo si el precio de un castor es de tres ciervos, incluso aunque él sea un demandante o comprador final de ciervos. Él puede "producir" ciervos en forma más barata a través del intercambio en estas circunstancias... Y como se espera que todos los cazadores se comporten de la misma manera, ningún ciervo será producido a menos que, y hasta que, el valor esperado de cambio retorne a la igualdad con la razón de costos. Cualquier diferencia entre el valor esperado de cambio y el valor esperado de costos en este modelo reflejaría un comportamiento irracional por parte de los cazadores.

En esta interpretación, la teoría clásica incorpora la noción de costo de oportunidad. Para el cazador, en una decisión de asignación de recursos, el costo de un castor es de dos ciervos, y el costo de un ciervo es de medio castor. A una razón esperada de uno por dos, cada cazador potencial debe estar en el margen de indiferencia. La producción física y la producción por medio del intercambio rinde idénticos resultados. El tiempo de trabajo, el estándar de la medición, es el común denominador en el que los costos de oportunidad son computados.

A lo que Carson añade que:

Un productor continuará llevando sus bienes al mercado solo si recibe un precio necesario, en su evaluación subjetiva, capaz de compensarlo por la desutilidad involucrada en producirlas. Y él se encontrará por mucho tiempo incapaz de cargar un precio mayor que este monto necesario, si la entrada al mercado es libre y si la oferta es elástica, por que los competidores entrarán en la industria hasta que el precio se iguale con la desutilidad de producir el incremento final de la mercancía.

Tales enunciados no requieren una verificación más allá de un entendimiento a priori de la naturaleza humana. El mismo Mises escribió sobre el carácter auto-evidente de los axiomas de la praxeología...

Aquí Carson confunde papas con naranjas. El modelo que expone Buchanan utiliza el supuesto de racionalidad neoclásica, que no es el mismo que la praxeología de Mises. Según esta última, no sería correcto afirmar que los cazadores son indiferentes entre cazar dos ciervos o cazar un castor, ya que se considera que la indiferencia no puede ser base de la acción.

Este modelo de Adam Smith, traducido al lenguaje neoclásico, es tan básico, que no puede considerarse una demostración convincente de la teoría laboral del valor, ya que sus supuestos son muy restrictivos. El mismo Smith consideraba que este modelo era incapaz de explicar el funcionamiento de la economía capitalista, por lo que sorprende que Carson crea haber presentado una evidencia contundente a favor de su teoría subjetivizada del valor-trabajo.

Y más adelante en el texto, dando por sentada esta demostración, nos dice:

¿Qué base válida puede tener una teoría laboral del valor sino es la desutilidad del trabajo experimentado por el trabajador mismo? Debe ser auto-evidente que la única razón de que el trabajo sea el único factor en crear valor de cambio es que el trabajador (a diferencia de las tierras, las fuerzas naturales, etc.) tiene un carácter único, ya que debe ser persuadido de que vale la pena traer sus bienes al mercado.

Pero si esto es así, entonces no sería posible sostener que se da una explotación capitalista, ya que si lo que produce valor de cambio es la necesidad del empleador de compensar la desutilidad del trabajo, no se explica como es que el obrero puede producir más valor del que recibe en salarios.

Esta teoría, que considera el trabajo como fuente inherente de desutilidad, contradice la noción socialista del trabajo como realización de la naturaleza humana. También se puede decir que el no tener trabajo produce desutilidad.

Carson reconoce esto, pero lo deja de lado cuando dice:

La idea del trabajo como desutilidad ha causado que algunos objeten que esta refleja un crudo entendimiento economicista de la motivación humana. El que una persona experimente el trabajo como algo desagradable o como una expresión de su naturaleza interna, depende de la naturaleza de las relaciones de poder en el proceso de producción. Por ejemplo, Marx objetaba que la visión de "toil and trouble" de Adam Smith trataba el gasto de poder laboral "como el mero sacrificio de descanso y libertad, y no al mismo tiempo como la actividad normal de los seres vivos. Pero entonces él tiene al moderno trabajador asalariado a la vista."

Pero en el escenario de economía de libre mercado que propone Carson, en el que las relaciones jerárquicas en el proceso de producción son mayormente elminadas, el trabajo no podría verse como una desutilidad inherente, por lo que la ley del valor no podría aplicarse en este caso. Pero es precisamente este tipo de escenarios los que más se parecen a la versión neoclásica del modelo primitivo de intercambio de Adam Smith que plantea Buchanan. Por lo que la teoría subjetiva del valor de Carson se queda en nada, incapaz de explicar tanto lo simple como lo complejo.

lunes, junio 12, 2006

El Evangelio según Mises

El filósofo Gabriel Zanotti ha intentado hacer una síntesis del pensamiento de Ludwig von Mises en "Acción Humana" con la teología natural de Tomás de Aquino. Lo que en primera instancia resulta un tanto extraño ya que el Doctor Angélico denunciaba la usura como anti-natural, lo que no concuerda con la posición austríaca sobre el interés y los salarios. Además Mises es un agnóstico que no gusta de la metafísica, ni del derecho natural, mientras que Aquino es un creyente católico que basa su teología natural en Aristóteles. Sin embargo, lametodología apriorista de Mises comparte un terreno común con la teología del Santo, debido a su carácter pre-científico.

En su semblanza sobre Mises, Zanotti considera providencial la llegada de Mises a Estados Unidos, y su rechazo por parte de la academia no hace sino confirmar ese carácter ejemplar de Mises. Esto muestra que "Dios permite los males en función de bienes mayores".

Ese rechazo por parte de la academia -o más bien indiferencia- se debería al rechazo frontal de Mises de la metodología científica en favor de un extremo apriorismo, de una metodología puramente deductiva. Mises justifica su actitud anti-científica con el argumento de que el ser humano no se comporta de acuerdo a reglas predeterminadas, y además, que no se puede experimentar con las condiciones sociales de la manera que se hace en los experimentos de las ciencias naturales, como la Física. Claro que Zanotti no considera que el método deductivo de Mises no sea científico. Él cree, al igual que Mises, que las exigencias empiristas de la ciencia moderna están basadas en un prejuicio positivista.

Sin embargo, Zanotti nos señala que el Mises de "Acción Humana" no es exactamente el mismo Mises de sus obras anteriores. Antes de "Acción Humana" nos encontramos a un Mises más favorable hacia el método empírico. Utilizaba expresiones como:

La desutilidad del trabajo "is a datum". "Experience teaches" que la acción cooperativa es más eficiente. En el mercado de bienes presentes y futuros, la tendencia a la "equalization" es producida por "...the striving of bissinessmen". Son "psychological factors" los que explican cuán lejos puede llegar la expansión de los medios fiduciarios. Y no estamos hablando de cuestiones marginales. Son el eje central de cuestiones tales como el mercado laboral, la división del trabajo, la tendencia al equilibrio en el mercado de capitales (con toda la importancia que la teoría monetaria tiene en la Escuela Austríaca) y el funcionamiento de un mercado libre en materia monetaria. Y podrían citarse algunos ejemplos más y no de menor importancia.

Pero después, en "Acción Humana", la experiencia histórica no resulta entendible sino es a la luz de una teoría previa que la ilumine.

Este cambio de perspectiva quizá se deba a su particular agenda ideológica. Zanotti cuestiona la afirmación de Mises de que su metodología estaba exenta de juicios de valor. Zanotti cree que toda ciencia está cargada de juicios de valor implícitos:

Por supuesto que hoy, frente a la "theory-ladenness" de la epistemología, toda teoría es "value-laden" y por ende no puede haber separación neta entre juicios de hecho y juicios de valor...

En el caso de Mises, el método praxeológico, con su carácter ahistórico, le permitía ponerle un candado téorico a las pretensiones socialistas y totalitaristas (para Mises socialismo y totalitarismo son lo mismo) de manipular las leyes históricas mediante un programa constructivista. Las leyes praxeológicas, al estar basadas en el axioma de la acción humana, son eternas e inmutables, no pueden cambiar de un período histórico a otro por medio de una supuesta evolución de las fuerzas productivas, ya que es la voluntad humana la que determina el curso de la historia, y no unas leyes históricas ciegas. De ahí que el socialismo no sea posible, y el orden capitalista -que se entiende como un orden basado en la cooperación- sea el único viable. Mises niega que en el capitalismo se de una lucha de clases.

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